Sábado 1 de agosto: un paseo por Ceillac y un baño de los que espabilan
Ayer dejamos atrás el valle de Ubaye y llegamos a Ceillac, ya en el Queyras.
Al despertar, el día está precioso otra vez más. Desayunar tranquilamente y a salir.
La idea para hoy es hacer una vueltita andando, simplemente para movernos un poco después de los días anteriores. Nada demasiado ambicioso. Pero ya sabemos cómo va esto: sales pensando en dar un paseo y acabas descubriendo sitios preciosos. 😍
Zona donde hemos dormido, a algo menos de 1km del pueblo. Es un parking gratuito para autocaravanas.
Vamos andando hasta el pueblo, donde echamos un café
Y comenzamos la ruta.
Aprovecharemos para hacer un poco de barefoot real. Llevamos zapatillas barefoot de monte, pero aún así no hay nada como la sensación de descalzarse y sentir las diferentes texturas bajo los pies. A veces, las texturas, pinchan 😉 aún así, maravilla.
Una pena que no hayamos guardado el track de la ruta, porque nos ha encantado.
Llegamos hasta la zona de la Chapelle Sainte-Anne
y nos planteamos si seguir subiendo un poco más. Finalmente decidimos dar la vuelta al pequeño lago al que hemos llegado.
Bueno, esa era la idea inicial… porque de repente aparecen los mosquitos. ¡Pero de dónde han salido todos estos! 😂 No habíamos visto ni uno durante el recorrido y, de pronto, parece que se han puesto de acuerdo para echarnos de allí. Así que desistimos rápidamente y emprendemos el camino de vuelta.
Por lo demás, la ruta ha sido una preciosidad.
Por el camino encontramos unas figuras de madera muy chulas. Entre ellas hay una especie de brujilla a la que no puedo resistirme: me saco una foto con ella. ¡Entre brujas nos entendemos! 😉
También hay unos troncos de madera con caras pintadas que son una pocholada. Son esos pequeños detalles que te encuentras por ahí y que hacen que un paseo sea mucho más que un solo paseo. Aunque esta salida, la verdad sea dicha, de paisajes va sobrada.
Hoy seguimos fijándonos en algunas plantas que nos van a acompañar durante estos días por los Alpes. Hay una con flores rosadas que me llama especialmente la atención porque está por todos sitios. Sacamos foto y la metemos en la app PlantNet y la identifica como epilobio (como siempre, con un % de seguridad con el que hay que tener cuidado). Según leemos, se utiliza para algunos problemas de próstata.
La naturaleza provee la mayor parte de las cosas que necesitamos.
También encontramos manzanilla. ¡Y qué olor tan espectacular! Me encanta ir descubriendo estas pequeñas cosas mientras caminamos. Cada vez disfrutamos más observando las plantas, los insectos y todo lo que nos rodea. A veces parece que vamos con tanta prisa por llegar a un sitio que nos olvidamos de mirar lo que tenemos justo delante, y es pura vida. No somos más que una pequeñita parte de este mundo.
Al bajar, nos desviamos un poco para acercarnos al río y refrescarnos.
Y cuando decimos refrescarnos, queremos decir congelarnos. El agua está fría que corta, y no nos esperábamos que fuera para tanto. 😂
Se nota que este año no hemos podido hacer nuestros habituales baños de hielo. Se nos estropeó la bañerita que poníamos en la terraza y, de momento, nos hemos quedado sin esa pequeña rutina. Eso sí, seguimos duchándonos con agua fría todas las mañanas, así que tampoco hemos abandonado del todo la costumbre. Y no tenemos en mente abandonarla en un futuro próximo, es una rutina que nos parece más que saludable y que agradecemos haber conocido.
Mientras estamos por allí, una preciosa mariposa empieza a revolotear a mi alrededor y termina posándose tranquilamente sobre mi brazo.
Me encanta cuando ocurren estas cosas. Cada vez disfruto más de estos pequeños encuentros con la naturaleza. No sé si es que me fijo más que antes o que simplemente estoy aprendiendo a parar un poco y prestar atención, pero son momentos que me llevo conmigo.
Y, oye, si además una mariposa decide utilizarme de descanso, ¡bienvenida sea! ❤️
Vamos a seguir para abajo..
Después del paseo, nos acercamos al pueblo y comemos en la terraza de L’Étape Gourmande.
Otro acierto. La atención es buenísima y comemos muy a gusto. Y esto va a ser una constante durante estas vacaciones: una atención estupenda en los sitios en los que paramos. Da gusto encontrarse con gente que te atiende con una sonrisa. Tendremos que intentar aplicarlo en el trabajo, que admito que hay veces que la sonrisa falla un poco 😉
Hace un calor del copón y, después de comer, toca esperar a que abra una tiendecita que hay por allí para hacer algunas compras. Nos tiramos allí en la calle a la sombra .
Cuando por fin podemos, regresamos a la autocaravana y nos vamos de nuevo al río.
La idea es sencilla: agua para bajar la temperatura, un rato de lectura y disfrutar de la tarde sin hacer absolutamente nada más.
Estamos leyendo La sanadora de la Seguridad Social, un libro que nos recomendó hace poco nuestra querida brujilla de Jaca. Lo hemos empezado (de momento yo) y nos va a encantar a los dos.
Y así, entre agua fría, lectura y tranquilidad, termina nuestro primer día por el Queyras.
No ha sido una jornada de grandes hazañas, pero ha sido uno de esos días que te dejan con una sonrisa.
Domingo 2 de agosto: dos puertos cicloturistas míticos, el Col Agnel y el Izoard
Hoy nos movemos hacia la zona de Château-Queyras, y aparcamos junto al río.
Volvemos a las dos ruedas. El plan es subir el Col Agnel, en mi caso, mientras que Iñaki quiere aprovechar para hacer también el Col d’Izoard. ¡Otro planazo por delante!
El Col Agnel es uno de esos puertos que Iñaki tenía muchas ganas de conocer. Con sus 2.744 metros de altitud, comunica Francia con Italia y es el segundo puerto de carretera más alto de los Alpes franceses, solo por detrás del Col de l’Iseran.
Vamos juntos desde donde tenemos la autocaravana hasta Ville Vielle
Allí empieza el puerto, sacamos una foto y nos despedimos hasta la autocaravana
Ya desde abajo se intuye que vamos a tener otro precioso día de bicicleta.
A los pocos kilómetros de salir, se ve desde la carretera lo que luego leeremos es la Demoiselle Coiffée de Château-Ville-Vieille, una formación geológica con forma muy curiosa como podéis ver en la foto: se trata de una columna natural de tierra y roca, bastante alta, con una piedra enorme encima que parece una cabeza con sombrero.
La carretera se va metiendo poco a poco en la montaña y el paisaje va cambiando a medida que ganamos altura. Cada vez hay menos elementos que distraigan la mirada y más montañas, praderas y enormes laderas que parecen no terminar nunca.
Estoy disfrutando muchísimo de estas carreteras alpinas. El entorno, la tranquilidad que se siente en algunos tramos, las vistas que aparecen en cualquier momento… ya hemos tardado en volver a los Alpes 😉
Cuando me faltan unos cuatro kilómetros para coronar, aparece Iñaki bajando. ¡Como siempre! 😂
Paramos y sacamos fotos para variar.
Su intención era continuar hacia la vertiente italiana y hacer también parte de la subida por ese lado. Pero el tiempo no está demasiado seguro y se puede meter en una buena liada, así que decide bajar un poco para echar un vistazo sin más a la zona antes de volver a subir. Los últimos kilómetros del puerto por su vertiente italiana, son durísimos.
Tras la parada, cada uno sigue con su ruta.
Yo continúo hacia la cima.
El Col Agnel es un paso de montaña espectacular. Arriba, además, estás en la frontera entre Francia e Italia. Al otro lado se abre el valle italiano de Val Varaita, y el MontViso domina buena parte del horizonte.
En la foto, 1 donde llegamos en bicicleta (Colle dell’Agnello). 2, Monviso .
Es uno de esos sitios en los que te quedarías un buen rato simplemente mirando.
Un cicloturista con el que he coincidido en algunos tramos de la subida se ofrece a hacerme una foto, y esas cosas hay que aceptar.
Tiene ya sus años, pero lleva una planta impresionante sobre la bicicleta. Me cuenta en inglés que el puerto se le ha atragantado un poco en la parte final. Y empezamos a charlar.
Hace años, me cuenta que cuando tenía mejores piernas y peor bicicleta, subió el Col Agnel por la vertiente italiana y que es durísima. Ahora, según me dice entre risas, tiene peores piernas, pero mejor bicicleta.
¡Me encanta! 😂
Nos despedimos después de un ratito de conversación y me preparo para bajar. Antes como una barrita, miro una vez más a mi alrededor y empiezo el descenso.
Aquí foto de Iñaki que también se ha sacado en el mismo sitio, antes 😉
A por la bajada. Madre mía, menudo espectáculo de vistas
En serio, estoy flipando con los paisajes.
No sé si será la edad, la experiencia acumulada o simplemente que estoy aprendiendo a disfrutar de otra manera, pero creo que nunca había ido tan despacio y disfrutado tanto al mismo tiempo.
Sin duda, es una de las épocas de mi vida en las que más despacio voy en bicicleta. Además de la edad, que os veo, algo tiene que ver que antes estaba todo el día montada en bicicleta y haciendo un montón de kilómetros que hoy en día no quiero hacer. Tengo demasiadas cosas que me gustan y el tiempo tiene un límite . Pero también es una de las épocas en las que más estoy disfrutando y apreciando todo lo que me rodea.
Durante la bajada veo una carretera que se desvía y de la que no tengo ni idea de adónde lleva. Tengo tiempo hasta que llegue Iñaki, que se ha ido a hacer el Izoard, así que decido investigar un poco. Me desvío y sigo la carretera.
Cuando llevo ya un par de kilómetros subiendo, un chico en bicicleta me alcanza por detrás y empieza a decirme algo.
Él habla francés y yo, como puedo, intento entenderle y contestarle en inglés. Él empieza también a hablar en inglés.. ¡Bien!
Me cuenta que un poco más adelante hay un pueblo muy bonito. Pues nada, ¡para allá que vamos!
Continuamos el camino charlando hasta el pueblo que me ha dicho. Es St Veran, y tenía razón, merece acercarse. Nos despedimos y yo ya me doy media vuelta.
Otra pequeña aventura que no estaba prevista en el plan inicial.
Y eso es precisamente lo que me gusta de viajar así: tener la libertad de cambiar de idea, desviarte por una carretera que te llama la atención y descubrir a dónde lleva. Sin horarios estrictos ni necesidad de cumplir un recorrido a rajatabla. Y es por esto que también me encanta mi bicicleta de monte, que me permite andar por carretera (es ligerita) y si se me cruza el cable y quiero entrar en pistas o en monte no tengo ningún problema.
Cuando llego a la autocaravana, me preparo algo de comer y de beber. Hoy no he hecho la habitual parada a tomar algo en algún bar, así que tomo la autocaravana como tal. Un poco de jamón que sabe a gloria y Ginger Beer.
¡Cómo entra cuando vienes todo sudado! 😋
Iñaki aún no ha llegado, y todavía tengo ganas de seguir disfrutando de la zona , así que decido volver a coger la bicicleta y dar otra vuelta. Salgo de donde está la autocaravana hacia el castillo por una rampa que consigo subir justo justo, cojo carretera de nuevo.. y en nada me encuentro ya con Iñaki . Una vez juntos, damos media vuelta y regresamos a la caracola por otro caminito.
Os dejo por aquí las rutas que hicimos cada uno, por si os sirven para organizar una escapada por esta zona:
- Mi ruta por el Col Agnel y Saint-Véran: Château-Ville-Vieille – Col Agnel – Saint-Véran – Château-Ville-Vieille (Wikiloc).
- La ruta de Iñaki, combinando el Agnel y el Izoard: Agnel + Izoard (Wikiloc).
Y aquí algunas fotos que ha sacado Iñaki en su ruta.
En la zona de Casse Déserte, en el Col d’Izoard hay un pequeño homenaje a dos leyendas del ciclismo: Fausto Coppi y Louison Bobet
La zona de Casse Déserte es un paisaje totalmente diferente, con agujas rocosa y laderas erosionadas que parecen de otro planeta.
Como no podía ser de otra manera teniendo un rio al lado, terminamos el día con un baño en el río.
Entre el calor que hace y todo lo que hemos pedaleado, se agradece muchísimo poder meterse en el agua y relajarse un rato.
Al final de la jornada decidimos subir con la autocaravana hacia el Col Agnel para pasar allí la noche.
El sitio donde nos colocamos está un poco inclinado, pero no suele ser un problema para nosotros, salvo que la pendiente sea exagerada. Y esta vez no lo es tanto como para tener que calzarla (aunque la mayoría de la gente lo haya hecho ) .
Así que aparcamos, nos instalamos y disfrutamos de la tranquilidad de la montaña.
Lunes 3 de agosto: caminando hacia el Pain de Sucre
Hoy toca cambiar las dos ruedas por las dos piernas. Hemos dormido en un parking un poco antes del Col Agnel, rodeados de montañas, y el plan es subir hasta el Pain de Sucre.
Se trata de una montaña que alcanza los 3.207 metros de altitud, muy cerca de la frontera entre Francia e Italia y de donde estamos.
Desde donde empezamos la ruta, el desnivel no parece excesivo. Son unos 500 metros de subida, aproximadamente, pero en el monte los números muchas veces no suelen ser muy identificativos. Además de la pendiente hay que tener en cuenta el terreno.
La primera parte de la caminata transcurre por un entorno precioso, con la montaña cada vez más cerca y unas vistas que invitan a detenerse de vez en cuando. Hace fresco, pero está el día sano-sano.
Un lago al fondo, que dejamos para seguir el camino a la cima. A medida que nos acercamos a la parte final, el camino se empina bastante.
¡Menuda rampita se ve que tiene que haber allí arriba!
La ascensión es corta en comparación con otras rutas que hemos hecho, pero tiene su punto.
El entorno es espectacular, con ese paisaje de alta montaña en el que la vegetación va escaseando y las piedras empiezan a ganar protagonismo.
Nosotros, a nuestro ritmo, disfrutando del recorrido.
Hay un poquito de cuesta eh… está despejado, está seco.. está bien para subir . En mojado, creo que sería otra película muy diferente.
Ya arriba
Y media vuelta , a deshacer camino.
Seré chapa, pero estoy más que feliz con el descubrimiento de zapatillas que he hecho justo antes del verano. Me van fenomenal a mis pies y su suela es buenísima para las rutas que haremos .
Pedazo suela Vibram Megagrip con dibujo «Zegama»
Barefoot y ancha, ancha, anchaaaa.. por fin he encontrado un calzado en el que parece que mi pie entra bien.
Flexan muchísimo, sientes el terreno (algo que me encanta) y son ligerísimas. ¡feliz! Solo queda ver la durabilidad que tienen, porque para mi caso sin duda es lo mejor que he encontrado.
Hoy pensábamos hacer solamente esta ruta y regresar tranquilamente a la autocaravana. Pero .. antes de subir a la cima, hemos visto un lago . Habrá que acercarse. Así que alargamos un poco la caminata.
El lago añade otro rincón precioso al recorrido y nos permite seguir disfrutando del entorno. Más abajo hay otro, pero ese ya lo dejamos para otra ocasión.
Tampoco se trata de hacer todo lo que aparece en el mapa. A veces es mejor dejarse algo pendiente para tener una excusa para volver. 😉
Durante la caminata volvemos a fijarnos en las plantas que encontramos por el camino.
Hay algunas que parecen pequeñas bolas o mechones de algodón, muy llamativas entre la vegetación de montaña. En la foto quizá no se distinga, pero parecen pequeños Einsteins (por la cabellera)
Podrían ser algodoneras de los pantanos, unas plantas que crecen en zonas húmedas y que desarrollan unos penachos blancos muy característicos.
Me gusta ir descubriendo estas cosas. Antes quizá habría pasado por delante sin prestarles demasiada atención y ahora me encuentro parándome a mirar qué son.
Poco a poco, las rutas se van convirtiendo también en una manera de conocer la naturaleza desde otro punto de vista.
Después de disfrutar de la montaña, regresamos a la autocaravana, pasando antes de nuevo por el Col de Agnel.
Todavía nos queda mucho viaje por delante.
Parada en una fuente a rellenar botellas de agua.
Vamos hasta Cervieres, donde tan sólo pasearemos un poco y dormiremos.
Martes 4 de agosto: una visita a Briançon antes de poner rumbo al Lautaret
Hoy toca descansar un poco. Después de los días de bicicleta y montaña, nos apetece cambiar de ambiente y acercarnos a Briançon para dar una vuelta y tomar algo.
Aunque Briançon no pertenece propiamente al Queyras, nos viene bien incluir esta parada en el relato. Como el viaje continúa después hacia el Col du Lautaret, tiene todo el sentido contar aquí esta pequeña pausa.
Briançon es una ciudad con mucha historia, conocida especialmente por sus fortificaciones. Su situación estratégica en los Alpes hizo que tuviera una gran importancia defensiva, y sus fortificaciones de Vauban forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Pero nosotros no venimos a hacer una visita monumental (no somos mucho de esto) ni a recorrerlo todo. Hoy toca pasear, tomar algo y disfrutar de un día más tranquilo. Y, también ¡hacer alguna compra!
Me compro dos jerseys superalegres.😁
Después de dar una vuelta, nos sentamos a tomar una cerveza
y comemos en la Crêperie L’Éterlou.
Una parada estupenda para disfrutar de una comida local diferente después de varios días de montaña, bicicleta y autocaravana.
En la visita al baño, hay muchísimos post-it escritos por gente con todo tipo de mensajes .
Así que pongo el mio también . Mi intención es dejarlo ahí sin más, pero manda narices que Iñaki entra luego y es lo primero que ve (y hay cientos de post-it)
Tras una bonita comida, sin grandes planes ni prisas, diremos adiós a Briançon
Toca volver a la carretera y continuar hacia el Col du Lautaret. Y voy con ganas. Hace años estuvimos por allí y guardo un recuerdo muy especial de aquella visita. De hecho, tenemos una buena anécdota de pareja relacionada con ese lugar, de esas que todavía recordamos y que en su día casi hicieron que dejara la bicicleta para siempre… 😂 y me dedicara a ir de centros comerciales 😂
Así que dejamos atrás el Queyras y seguimos nuestro viaje por los Alpes.
Tranquilidad al canto. ¡Maravilla! Hay mucha autocaravana, pero el relax reina. Y es de agradecer.
Nos esperan nuevos paisajes, más montañas y bicicleta.
¡Continuará!
