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NOTICIAS CICLISMO

Itzuli albisteetara / Vuelta a las noticias

 

Revolución de Mayo El dorsal que Iban se quiere arrancar

Marcha Cicloturista.
www.deia.com
19-05-2008 / 08:05

 

Cerca de 300 cicloturistas arropan al ciclista igorreztarra en la III Marcha Iban Mayo, que se disputó en clave reivindicativa a sólo tres días de que el TAS se pronuncie el miércoles sobre el caso que le enfrenta a la Unión Ciclista Internacional.

 

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Sí, es el primer dorsal que me pongo desde el Tour, y espero que sea el último de cicloturista". Iban Mayo ha extendido el maillot de la peña que lleva su nombre sobre la mesa de la cocina de su casa de Durango. Son las 7.30. Trata, torpe, de abrazarle un dorsal a la espalda. El 1. "El que me han dado", sonríe, antes de sermonear al visitante por la hora. "Llegas tarde", se queja. Bromea. Ofrece un café "de bote" y se enzarza en una explicación meticulosa sobre la cafetera, la que señala con el dedo y que reposa sobre la encimera, y para la que no tiene los recambios de café de la marca. No los encuentra. Iban tiene fama de despistado, de desordenado. En dos minutos el de Igorre no ha dejado que el silencio ocupe ningún rincón de la cocina y se mueve inquieto, de un lado a otro. Al fin se sienta y con ello, su voz descansa. Su vista se ha tumbado sobre la mesa. Su mente vuela. Mundo secreto. Suyo. Propio. Íntimo. Vuelve al poco. "¿Eh?", pregunta. No ha escuchado. "Ah, el tiempo. Sí, parece que va a hacer bueno", ha dicho mientras mira por la ventana del balcón. Ha visto: niebla espesa rascando los tejados de Durango, la calle desierta y el asfalto medio húmedo. Resquicios de agua. "Yo siempre andaba bien cuando llovía. ¿Por qué? No lo sé. Creo que es cosa de la costumbre. Desde que soy ciclista, desde cadetes, siempre he salido a entrenar hiciese el tiempo que hiciese. Daba igual que lloviese, hiciese frío, viento... Estaba acostumbrado, por eso no me desmoralizaba cuando las condiciones eran malas. Había otros ciclistas que igual sí", explica y recuerda flores mojadas: la Vuelta al País Vasco de 2003, aquella Lieja que rozó apenas dos semanas después, la Clásica de los Alpes... Y la etapa del Giro del pasado año. Su último triunfo. Ha vuelto a guardar silencio y su rostro dibuja un gesto de desvanecimiento. No está. Otra vez. Sus manos reposan sobre las piernas que cubren unas perneras negras. Sus hombros no se pliegan. Son rectos. Anchos. De gimnasio. "Voy todas las tardes". Está delgado. No tanto como en el pasado Tour, pero lejos, en las antípodas del descuido. "Llevaré unos 120 kilómetros de media este año", dice. Luego, se sincera: "Pero ahora, pocas veces salgo lloviendo. A veces, cuando voy en bici, me pregunto: ¿Para qué lo hago? ¿Por qué sigo? ¿Merece la pena?"

"¿Para qué?". La puerta se cierra de un golpe tras Iban. La pregunta le acompaña por el descansillo hasta el ascensor. Y luego hasta el garaje. Y se acomoda en el asiento trasero de su coche. Delante va su novia, Ana. El trayecto de Durango a Igorre es rápido. No hay tráfico. Iban ha bajado del coche. "¿Para qué?". Sólo lo piensa. Le recibe Koldo Atutxa, el presidente de su peña. Su amigo. Su confidente. Más de media vida de amistad, reforzada ahora, en la adversidad. Ambos formaban pareja en el frontón cuando ingresaron en la pilota eskola de Igorre antes de que Iban descubriese el ciclismo. Era entonces cadete. "Se lo tomaba muy en serio. Se cuidaba, pese a que él siempre ha sido un chico nervioso que gustaba de estar con la cuadrilla. Era de esos a los que nunca se les caerá el tejado de casa encima", recuerda Koldo, quien perdió entonces el contacto con el igorreztarra. "Digamos que, en cierto modo, Iban no tuvo juventud. Siempre estaba con la bici. Ésa era su vida. No sabía estar sin su bicicleta y creo que todavía no sabe subsistir sin el ciclismo", sostiene. Desde que en 2004 se fundara la Iban Mayo Lagunartea, Atutxa ha visto a través de los ojos de Iban. Vivió de cerca los años más convulsos de éste en Euskaltel (2005 y 2006). Y su adiós. Y la llegada a Saunier. Y sus problemas en abril, cuando su visible sobrepeso fue carnaza fácil para la crítica. Y su victoria en el Giro de Italia, en Terme di Comano, bajo el diluvio; agua de Mayo. Y su Tour ilusionante... También la tarde del 24 de julio estaba junto a Iban en Pau cuando el igorreztarra pasó el control sanguíneo que le tiene varado, sin dorsal y escuchó el tono socarrón del inspector de la UCI despidiendo a Mayo: "Le dijo: 'Entonces Iban, hasta mañana por la mañana, ¿no?'", recuerda. "¿Qué quiso decir? No lo sé, pero ni a mí ni a Sopela (un amigo) nos gustó el tono". A aquello siguió el mazazo. Lunes 30 de julio, 17.30 horas. La radio y ETB lo soltaron a las 20.00. "Nos quedamos él y yo solos en casa. Fue un golpe". Iban estaba hundido y apenas durmió. Noche eterna. Hasta hoy.

"¿Para qué?". La pregunta no se le va de la cabeza y se mezcla con una imagen costumbrista en forma de cicloturista: jubilado, de piel curtida, ajada, engalanado del Mapei y cubierta, su testa, por una chinchonera negra. Mayo le atiende y sonríe. Alarga el gesto a la salida de la marcha. En el corte de cinta. En el aurresku en su honor. Le rodea su familia: profesionales y cicloturistas. David López, Mikel Zarrabeitia, Julen Zubero, Jonathan González, Beñat Intxausti. Y a su espalda, otros 300. Sus 300. Listos para la revolución. La de Mayo.

Regreso a Urkiola El pistoletazo es un "ya" prolongado que grita un espontáneo. Sonido de tacos multiplicado. Clack. 300 que serpentean más tarde hasta las faldas de Morga. Ahí todo salta en pedazos. Julen Zubero se despide. Hasta Igorre. Detrás, Iban se interroga: "¿Para qué?". Se ha acordado de que allí, en Morga, ganó cuando era cadete de segunda. "¿Fue la primera victoria?". No se acuerda. Despistado. De la última en Euskal Herria sí. Lo rememora dos horas más tarde, tras bailar en el Balcón de Bizkaia. Urkiola le deja a solas con David López, compañero de equipo suyo en Euskaltel-Euskadi cuando el igorreztarra tiñó de naranja, por primera y única vez, el santuario del ciclismo vasco. En la cima, se han mirado y el silencio les ha rodeado. "Quizás vuelva", ha pensado la montaña, y ha seguido con la mirada el pedaleo de Iban. A su espalda, 300 jadeos hacen de palabras. Silencio sepulcral que rompe un cicloturista: "La próxima vez, mí ídolo va a ser un esprinter". Lo dice, pero no lo cree. Se ha acordado entonces, de todas las tardes de Mayo. No lo cree.

Iban se diluye entre la gente cuando entra en meta. Se le ha olvidado la pregunta. No la recuerda. "¿Cómo era...?", se interroga en la comida, rodeado de amigos.

¿Para qué, Iban? Por todo esto.

David López, Julen Zubero, Zarrabeitia o Intxausti quisieron estar con el igorreztarra

"Iban no entiende cómo puede ser más famoso por esto que por ganar en Alpe D'Huez"

Sacado de http://www.deia.com/

 

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