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Para estar ayer con Iban Mayo había que madrugar. La tercera edición de la marcha cicloturista bautizada como el ciclista de Igorre arrancaba a las nueve de la mañana. Al fresco. Hubo tiempo para un aurresku, un aplauso a coro y para cruzar conversaciones con corredores de antes y de hoy: Mikel Zarrabetia, Jonathan González, Julen Zubero, David López, Beñat Intxausti ,Virginia Berasategi... Con ellos estuvieron varios centenares de dorsales anónimos: las piernas que sostienen la afición al ciclismo.
Tan cerca de que el Tribunal de Arbritraje del Deporte (TAS) decida sobre el polémico caso positivo de Mayo en el pasado Tour -la sentencia será dictada el miércoles-, el pelotón cicloturista abrigó al ganador en el Alpe d'Huez, al recórdman del Mont Ventoux.
«Por lo que hemos podido ver del dossier, creo que podemos ser optimistas», dijo Mayo sobre el informe que está en manos del TAS. Convencido de que será liberado de culpa. Y enseguida al ataque: «Si sucede lo que esperamos, luego habrá que pensar en tomar medidas contra la Unión Ciclista Internacional (UCI) y contra los que me han hecho daño». Punto y aparte. Hasta el míercoles.
Ayer era día para disfrutar del espinoso recorrido de la marcha cicloturista. Ida y vuelta a Igorre, con estaciones de paso en Morga, Astorkigane, Balcón de Bizkaia, Urkiola y el alto de Otxandio.

Los dos kilómetros duros de Morga impusieron la jerarquía en el pelotón. Faltaban algunos de los cicloturistas habituales, los que el sábado estuvieron en la Subida a Los Lagos de Covadonga. Otra cita clásica. En Gernika ya estaba cada uno en su sitio. El sol comenzaba a dorar la mañana. Ideal. En el Balcón se pedía calma. Urkiola, al frente, asustaba. Esos seis kilómetros despiadados. La marcha estaba ya totalmente deshilachada. Delante, Mayo disfrutaba de su día. Está fino, con las piernas de los buenos tiempos y algo más de brazo. Cosas del gimnasio. En forma.
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